El trabajo no dignifca, se llama alegre rebeldía

Hace no mucho un señor con medios de producción me contestó que «el trabajo dignifica» como explicación sobre la felicidad que mostraba un grupo de mujeres empeñadas en el rescate de un espacio público. Lo decía sentado en su camioneta del año, plácido y bien alimentado, con treinta gentes al servicio de su causa, mientras me daba una breve cátedra de lo que significa la organización comunitaria en contextos periféricos.

Pronto dejé de escucharlo y puse mi cerebro en piloto automático. Tiene tiempo que ignoro deliberadamente a quienes desde el privilegio opinan cualquier cantidad de disparates, solo porque pueden; voceros y audiencia de sus propios delirios de clase.

Pensé en lo que significa el trabajo, para nosotrxs, que no tenemos asegurada ni la subsistencia, que no tenemos propiedades y a veces ni siquiera seguridad social. Pensé en nosotrxs, quienes tenemos que elegir entre comer o comprar ropa, pagar deudas, la renta o los servicios. En quienes sabemos lo que es trabajar 12 o 14 horas al día, seis días por semana, durmiendo apenas, viviendo apenas, y contar cuidadosamente las monedas.

Pensé en esas mujeres que abrían zanjas donde la explotación del capital-Estado había dejado tierra baldía y ahora, con sus propias manos, debían procurar un espacio digno para sus hijxs; en los residuos de su tiempo, luego del jornal y del trabajo en sus hogares, exhaustas, poniendo los restos de sí mismas para proveerse de lo que gozan otros, allá arriba, de manera aparentemente gratuita.

Mientras el trabajo no esté repartido, no podemos hablar que dignifique nada. Eso solo lo dice la Biblia y la burguesía, lo cual no responde al azar, sino a la historia y a su materialidad. Mientras unos cubran su porción diaria de calorías y otrxs tengamos alacenas vacías, el trabajo seguirá siendo una relación de explotación. Trabajamos para sobrevivir en esta sociedad capitalista que no elegimos.

Pero cuando actuamos más allá del cansancio y lo hacemos juntxs, con la recuperación de nuestra dignidad en el horizonte, y además lo hacemos con dicha, esa es la alegre rebeldía. Algo que, afortunadamente, y acaso de lo muy poco que nunca podrán quitarnos.

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This work © 2023 by Alonso Merino Lubetzky is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

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