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El trabajo no dignifca, se llama alegre rebeldía

Hace no mucho un señor con medios de producción me contestó que «el trabajo dignifica» como explicación sobre la felicidad que mostraba un grupo de mujeres empeñadas en el rescate de un espacio público. Lo decía sentado en su camioneta del año, plácido y bien alimentado, con treinta gentes al servicio de su causa, mientras me daba una breve cátedra de lo que significa la organización comunitaria en contextos periféricos.

Pronto dejé de escucharlo y puse mi cerebro en piloto automático. Tiene tiempo que ignoro deliberadamente a quienes desde el privilegio opinan cualquier cantidad de disparates, solo porque pueden; voceros y audiencia de sus propios delirios de clase.

Pensé en lo que significa el trabajo, para nosotrxs, que no tenemos asegurada ni la subsistencia, que no tenemos propiedades y a veces ni siquiera seguridad social. Pensé en nosotrxs, quienes tenemos que elegir entre comer o comprar ropa, pagar deudas, la renta o los servicios. En quienes sabemos lo que es trabajar 12 o 14 horas al día, seis días por semana, durmiendo apenas, viviendo apenas, y contar cuidadosamente las monedas.

Pensé en esas mujeres que abrían zanjas donde la explotación del capital-Estado había dejado tierra baldía y ahora, con sus propias manos, debían procurar un espacio digno para sus hijxs; en los residuos de su tiempo, luego del jornal y del trabajo en sus hogares, exhaustas, poniendo los restos de sí mismas para proveerse de lo que gozan otros, allá arriba, de manera aparentemente gratuita.

Mientras el trabajo no esté repartido, no podemos hablar que dignifique nada. Eso solo lo dice la Biblia y la burguesía, lo cual no responde al azar, sino a la historia y a su materialidad. Mientras unos cubran su porción diaria de calorías y otrxs tengamos alacenas vacías, el trabajo seguirá siendo una relación de explotación. Trabajamos para sobrevivir en esta sociedad capitalista que no elegimos.

Pero cuando actuamos más allá del cansancio y lo hacemos juntxs, con la recuperación de nuestra dignidad en el horizonte, y además lo hacemos con dicha, esa es la alegre rebeldía. Algo que, afortunadamente, y acaso de lo muy poco que nunca podrán quitarnos.

Nos deseo Días para todo

Estoy harto de ver la violencia que se ha vuelto cotidiana en nuestro país. Entiendo que no solo aquí; que el mundo es violento, que la violencia es constitutiva de nuestra especie, y que solo luchar por nuestra humanización es lo que puede hacerle frente.

Como sea, duele. Duele ver gente inocente siendo brutalmente asesinada, desplazada, ultrajada o desaparecida, por quienes son, por donde viven o porque se puede fracturar vidas sin consecuencias. Duele ver gente en el poder propiciando el despojo, consintiéndolo o tolerándolo.

Me llena de rabia saber que hay quienes podrían hacerlo distinto, mover unas piezas y facilitar la justicia, pero optan por la autocensura o la complicidad para salvar su pellejo. A esas personas nada bueno les depara, ni el cielo ni en la tierra, ni en el karma o como le quieran llamar. Su conciencia es su verdugo.

Vivir así me conduce a un estado de alerta permanente. Pausar se siente insoportable. Parar sabiendo que otrxs sufren se siente un privilegio. Hay días que deambulo medio muerto, lleno de coraje. Pronunciar la paz no es suficiente. La paz sin justicia y sin libertad colectiva es un vocablo vacío, útil a quienes buscan conservar las cosas como están.

Nos deseo días para todo mientras sigamos vivos. Que nuestra experiencia humana sea completa mientras respiremos. Que tengamos días para todo. Días para amar y días para quemar.

Notas sobre el PMDUOET como cartografía de la dominación

El jueves se llevó a cabo un conversatorio en torno al Plan Municipal de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Ecológico Territorial (PMDUOET) de León organizado por URBE. La importancia de este documento para nuestra ciudad es tanta como la elección de alcalde o alcaldesa, como dice Ernesto Ramírez Woah, ya que es un instrumento que define el destino del territorio.

Es decir, de manera muy general organiza el municipio según usos del suelo, habitacionales, industriales, comerciales, de conservación, etc. Indica dónde van la vivienda, los parques industriales, el espacio público, las zonas forestales, y hacia dónde y cómo se organiza el crecimiento urbano.

Luego de la compartición me puse a escribir unas notas muy a título personal, pero resonando con las conclusiones del conversatorio.

1. El PMDUOET constituye un instrumento de explotación del territorio que el cartel inmobiliario de León se autoriza a sí mismo cada 5 años para extender la llamada «frontera urbanizable».

2. El comparativo de estos planes año con año permite concluir que, efectivamente, desde que la ciudad empezó a planificar su crecimiento, lo ha hecho bajo la conducción cínica de la clase político-empresarial leonesa para garantizarse jugosos negocios mediante el despojo del territorio a costa de los derechos y bienestar de la mayoría.

3. El secuestro blanco burgués de los consejos ciudadanos en las instituciones públicas como el IMPLAN, donde la representación popular es prácticamente nula, es uno de los principales obstáculos para lograr un ordenamiento territorial humanizado, comunitario, justo y sostenible.

4. Necesitamos recuperar los espacios de participación social y política que están cooptados por esa élite político-empresarial. No solo los consejos ciudadanos, sino los comités de colonos, célula de la administración territorial, desde donde se manipula políticamente a las colonias, barrios y comunidades para administrar el descontento, borrar identidades sociopolíticas locales y cancelar la posibilidad de elaborar alternativas emancipatorias desde el espacio habitable más próximo.

5. Ejercicios de «participación» como el Participa León constituyen un tráfico de derechos y no ejercicios reales de democracia presupuestaria. Esa democracia directa debemos procurarla por nosotrxs mismxs en los lugares que habitamos, organizándonos sin pedir permiso y manteniendo un posicionamiento claro de exigencia de derechos. Garantizar una ciudad digna para todas las personas es una obligación del Estado y no debería estar sometida a consulta, como sí lo debería estar el PMDUOET al que solo le dejan una ventana mínima de escrutinio ciudadano.

6. Según el gobierno municipal, y en el ánimo de solo cumplir con la legislación de participación a la que están ceñidos, realizan consultas de manera exprés en espacios elitistas con apenas unas horas de convocatoria. Y encima de todo, consultan planes ya elaborados por consultores privados, sin posibilidad de la crítica y la revisión detallada, autorizados con las plumas de los miembros del cartel inmobiliario y sus gestores, quienes controlan el gobierno local.

7. El PMDUOET hace parte de una cartografía de la dominación que impone, según la lógica extractiva del capital, cómo hay que vivir la ciudad, dónde hay que habitarla, así como la vivienda a la que podemos aspirar, el tiempo y las formas de la movilidad y el espacio público que podemos usar. Pensarnos desde esa cartografía del poder nos impide diseñar una ciudad como la queremos.

8. Entender el PMDUOET y exigir ejercicios de participación reales es fundamental, pero también lo es nuestra rearticulación como movimiento social. No solo para exigir una urbanización digna, sino para tomar en nuestras propias manos la reproducción de la ciudad que necesitamos.

9. Lo anterior pasa, desde mi punto de vista, por apostar por ocupar con lógicas de representación colectiva los espacios de participación ciudadana en las instituciones de gobierno como el mismo IMPLAN. Pero también por involucrarnos en los comités de colonos, cooptados por el Partido Acción Nacional, mediante formas autogestionarias y de democracia directa que permitan frenar el despojo e imaginar alternativas.

Defender DGI

El viernes pasado abrió el registro para ingreso a la UNAM en 2026 y en la comunidad educativa de Desarrollo y Gestión Interculturales (DGI) de la ENES León enfrentamos un gran reto con respecto a nuestra matrícula: por primera vez nuestra carrera aparece en una lista de programas de «baja demanda» de la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) y corre el riesgo de no abrir en agosto.

Hago esta publicación para por ahora pedirles apoyo en la difusión de la convocatoria de ingreso, que cierra el 03 de febrero. Es apenas una ventanita de unos cuantos días que tenemos para lograr la mayor cantidad posible de aspirantes registrados. Así que si conocen personas interesadas, compartan con ell@s la convocatoria, por favor.

Desde hace varios años carreras como DGI han estado en el ojo de la DGAE y otras autoridades de la UNAM por no saturar la matrícula como las licenciaturas más taquilleras. Este año ya no se tuvo el reparo y nos sentenciaron colocándonos en una lista negra en el mismo instructivo de la convocatoria.

El riesgo parece inminente. Y la mirada centralista de las autoridades universitarias allá en CU, para variar, pretende ser medida de todas las cosas. Desde siempre padecemos la falta de reconocimiento a la realidad de nuestra región, además de la falta de consulta. Pero el problema es más profundo y nos atraviesa a las ciencias sociales y humanidades en general. Parece que la apuesta es asfixiarnos, confundirnos y marginarnos.

Tanto como egresado, como profesor, soy testigo del impacto social, comunitario y académico de DGI. Justo por estos días cumplo 6 años impartiendo clases en la licenciatura. En los últimos 10 años o más, he transitado por distintos espacios de trabajo como profesionista, y el único que por ningún motivo he querido abandonar es mi trabajo como docente en DGI. Y eso no responde a ninguna otra razón más que a la hospitalaria, sensible, crítica y vibrante comunidad educativa que se ha construido entre alumnxs, profesorado y egresadxs.

Frente a la lógica mercantilista dominante en la educación, DGI ofrece otro tipo de riquezas que escapan a los principios de masividad, rentabilidad y eficiencia. Un reservorio de saberes, valores y prácticas que defienden un abierto compromiso con la justicia social, la equidad y la diversidad cultural; una ética ecologista y la apuesta por una sostenibilidad que coloque al centro la interdependencia de la vida; las artes y la cultura como vía de cambio social; la promoción de los derechos humanos, la cultura de paz, la mediación social y la no violencia; así como la convicción en la autodeterminación de los pueblos, sus formas de organización y la protección a sus bienes culturales.

DGI es un frente más que necesitamos defender. El fascismo tiene diferentes resortes, perseguir el pensamiento crítico es uno. Permanezcan atentxs a lo que se nos viene. Necesitaremos mucha solidaridad.

Aquí pueden conocer los objetivos y el programa.

Convocatoria de ingreso a la UNAM 2026.

Instructivo para registro de aspirantes.

La academia

La academia revienta nuestra posición. Nos induce a pensar que somos circuitos cerrados, una etapa que sigue a otra, una interpretación dominante sobre lo que pensamos y vemos. Viene de lejos y nos obliga a responder con docilidad al pasado, como rindiendo un culto interminable. Las vacas sagradas solo existen para anular al rebaño, la manada; para negar la sacralidad al rebaño. Por eso la academia expulsa, construye cercos y subdivide a las gentes tanto como a los saberes. Parece que emula la autoridad del Estado, la Iglesia, el Partido, la Empresa. Pero no, es la autoridad misma.

No quiero ser académico, quiero pensar libremente, aunque esté en la academia con un pie o con apenas un dedo. Quiero poder ocupar otras topografías de razonamiento que no sean las del sitio mismo en el que la institución se institucionaliza. Quiero palabras simples que abran mundos completos, comunicarme desde todos mis poros sin restricciones.

Espero poder lograrlo, porque no voy, nunca, a ningún lado. Probablemente ahí está el cuento, la mejor narrativa, un ensayo abierto, sin apartado de conclusiones ni de referencias bibliográficas. Un relato abierto, al que se puede entrar por cualquier lado. Desde el Big Bang hasta la Guerra de las Galaxias; del colonialismo hasta el aparador que observo para comprar productos de higiene. ¿Por qué vamos a hacer lo que nos digan? ¿O a pensar como ellos quieren?