Estoy harto de ver la violencia que se ha vuelto cotidiana en nuestro país. Entiendo que no solo aquí; que el mundo es violento, que la violencia es constitutiva de nuestra especie, y que solo luchar por nuestra humanización es lo que puede hacerle frente.
Como sea, duele. Duele ver gente inocente siendo brutalmente asesinada, desplazada, ultrajada o desaparecida, por quienes son, por donde viven o porque se puede fracturar vidas sin consecuencias. Duele ver gente en el poder propiciando el despojo, consintiéndolo o tolerándolo.
Me llena de rabia saber que hay quienes podrían hacerlo distinto, mover unas piezas y facilitar la justicia, pero optan por la autocensura o la complicidad para salvar su pellejo. A esas personas nada bueno les depara, ni el cielo ni en la tierra, ni en el karma o como le quieran llamar. Su conciencia es su verdugo.
Vivir así me conduce a un estado de alerta permanente. Pausar se siente insoportable. Parar sabiendo que otrxs sufren se siente un privilegio. Hay días que deambulo medio muerto, lleno de coraje. Pronunciar la paz no es suficiente. La paz sin justicia y sin libertad colectiva es un vocablo vacío, útil a quienes buscan conservar las cosas como están.
Nos deseo días para todo mientras sigamos vivos. Que nuestra experiencia humana sea completa mientras respiremos. Que tengamos días para todo. Días para amar y días para quemar.
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