Notas sobre la digna rabia como ética-política de la educación con personas jóvenes y adultas

Pensar en el sujeto de la educación para personas jóvenes y adultas (EPJA) requiere un empeño reivindicativo de parte de las y los educador@s. El objetivo de esta entrega es reflexionar sobre porqué debe considerarse la digna rabia como la ética-política de la EPJA.

De acuerdo con Valdés, Rivero, Machado y Walder (2013), la EPJA es una educación que se caracteriza por acompañar pedagógicamente a personas que han sufrido múltiples formas de exclusión social, opresión y marginación. L@s sujet@s de la EPJA son los expulsados del sistema educativo formal, son los no recibidos en las instituciones, los que quedaron atrapados en el bucle de la pobreza, la desigualdad y la violencia estructural y que, por no cumplir con los requisitos del estudiante prototipo, les fue negado su derecho a la educación.

Las personas de la EPJA son/somos “gente común, pero rebelde”, diría Holloway (S/F2), pues buscan constantemente, pese a su ordinalidad, romper con las trabas del sistema anti-educativo que les/nos niega la educación. Es esto a lo que se refieren Valdés et. al. (2013) cuando dicen que la EPJA es el lugar de la educación para quienes buscan alternativas de crecimiento personal, aprendizaje para la vida y desarrollo propio como una vía para superar las desventajas sociales; son mujeres y hombres que buscan oportunidades económicas y desdoblar sus capacidades para ayudar a sus comunidades y a sus familias.

La EPJA es una educación redignificante, restituyente y, por eso mismo, insurrecta. Su objetivo es reconstruir opciones educativas para los sujetos ninguneados por el sistema educativo nacional: adultos mayores, indígenas, migrantes, personas en reclusión, jóvenes no admitidos, adultos con estudios interrumpidos. Es un campo cuyo origen se remonta al surgimiento del campo de la educación popular en los años 60-70 (Valdés et. al., 2013) en NuestrAmérica y lo actores que la promueven van desde los movimientos sociales, hasta organizaciones de la sociedad civil, colectivos y espacios institucionales destinados a la educación específica de estas poblaciones.

Al insertarse dentro del campo de la educación popular, la EPJA debe tener un enfoque de derechos. Es el derecho a la educación de las poblaciones a las que esta les fue arrebatada por la vía convencional.

Los retos pedagógicos de la EPJA son enormes porque implican un gran compromiso ético-político con la ruptura de la “condición de víctima”, es decir, con la digna rabia (Holloway, s/f2). Pretende dar un salto que va de la experiencia de la segregación a la práctica de la restitución sin pedir permiso, como un camino para cuestionar y construir, para cuestionar-construyendo alternativas. La EPJA es una educación de la praxis. Los sujetos de la EPJA buscan nuevos aprendizajes no como promesa de cambio puesta en el futuro, en el proyecto –como se suele hacer en la academia–, sino como transformación hoy, modificación del presente, disolución de las condiciones nefastas del aquí y el ahora.

Los sujetos de la EPJA están constantemente buscando opciones de enseñanza para mejorar sus ingresos, para ayudar a sus hij@s, cambiar el barrio o la comunidad. Es por eso por lo que la ética-política de la EPJA es la de la digna rabia, esa “otra política” de la que nos habla Holloway (s/f2):

«La rabia anticapitalista es una digna rabia porque rompe con la condición de víctima, porque ya tiene el deseo de otra cosa, de un mundo diferente, porque detrás de los gritos y de las barricadas hay otra cosa, la construcción de otras relaciones sociales, la creación de otro hacer, de otro amar» (Holloway, s/f2, p. 2).

La EPJA –dicen Valdés y compañer@s (2013)– demanda poner atención en el entrecruzamiento entre historia y política, ya que, si se piensa en la trayectoria de las y los educandos de manera aislada es imposible encontrar explicaciones a las caras de la opresión que experimentan (retomando a Iris Young) y que les han llevado al lugar del no-ejercicio de sus derechos educativos.  “Hablar de sujetos de la educación de personas jóvenes y adultas demanda referirse a sus trayectorias no sólo educativas sino también sociales (relativas a la organización familiar, laborales, migratorias y de participación social)” (Valdés et. al. 2013).

La práctica pedagógica con el sujeto de la EPJA debe estar orientada por el contexto, las relaciones de poder dentro de la que se inserta, los sistemas de dominación que les impactan, y desde esa experiencia concreta redefinir la relación y la finalidad educativa. Replicar para la EPJA la pedagogía convencional es un error, pues el sujeto educativo no es el mismo. En el contexto de crisis de la educación inserta en la crisis civilizatoria, la de la modernidad capitalista, el sujeto pedagógico de la EPJA experimenta distintos grados de marginación que deben ser atendidos y tomados como base para la adecuación de las prácticas educativas. Es decir, que la lectura del contexto debe servir también para identificar la finalidad de la educación con esta población: romper las cadenas de la opresión.

¿Cómo es que la EPJA puede ser una oportunidad revolucionaria, pero no un más-de-lo-mismo, de la revolución por venir que nunca llega? La tradición revolucionaria de la ortodoxia marxista-leninista en concreto, nos ha planteado siempre que el camino para modificar al sistema capitalista es el asalto al cielo, la toma del Estado mediante la institucionalización de la revolución, cuyo sujeto revolucionario es el obrero (así, en abstracto) y el combustible de concientización es un grupúsculo iluminado de verdaderoizquierdismo que conducirá a las masas proletarias en el camino de transformación. Siguiendo los pasos de la ortodoxia, la educación revolucionaria sería así solo producto del proceso descrito. No nos queda más, en esta lógica, que seguir esperando a la Revolución para revolucionar también la educación.

Frente a esto decimos no, junto con Holloway, junto con l@s compas zapatistas. Nos apegamos a la lógica de la revolución no desde el sujeto conducido, definido y limitado, forjado en la cabeza de los revolucionarios de viejo cuño, sino desde el sujeto que “no es inherentemente limitado, sino explosivo-pero-contenido”. La revolución no sería alcanzada por etapas, sino al “expresar la rebeldía contenida” (Holloway).

El/la educador/a de una educación revolucionaria no conduce, como líder, el proceso de insubordinación frente a la dominación pedagógica desde la inducción de la conciencia, una conciencia externa. No busca liberar a otros de sus ataduras trazándoles el camino de la emancipación; su lugar no es el del habla, del discurso activo, sino el de hacerse a un lado para escuchar, o de escuchar-hablar. El sujeto de la EPJA, visto así, no es el de la revolución que llegará (que nunca llega), sino el “volcán sofocado” de Holloway, los “rebeldes comunes” del zapatismo.

En realidad, los sujetos de la EPJA, son eso: rebeldes, que al buscar su autoliberación construyendo, buscando o gestionando opciones educativas están diciéndole ¡ya basta! a la exclusión educativa del sistema capitalista.

Bibliografía 

Valdés, R., Pilz, D., Rivero, J., Machado, M. M., & Walder, G. (2013). Aportes conceptuales de la educación de personas jóvenes y adultas: hacia la construcción de sentidos comunes en la diversidad. OEI-UNESCO.

Holloway, J. (S/F1). Gente común, es decir, rebelde. Mucho más que una Respuesta a Atilio Borón.

Holloway, J. (S/F2). La Otra Política, la de la Digna Rabia.


Fotografía de portada: @Alejandroangel

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Una respuesta a “Notas sobre la digna rabia como ética-política de la educación con personas jóvenes y adultas”

  1. […] alguien más. Me queda clarísimo que hay que transformar la educación y que debe ser una apuesta ético-política, pero que esta debe empezar desde el encuentro de los sujetos educativos y no desde las […]

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