A veces el mundo parece inalterable desde nuestro diminuto cuerpo. Como si esa realidad dolorosa de guerra y muerte pasara por encima nuestro sin que podamos hacer algo al respecto.
Sostener esa postura nos conduce a un determinismo incapacitante, a la impotencia y a la individualización, muy funcionales al capitalismo que nos quiere divididxs, exhaustxs, desmovilizadxs y distraídxs.
La tarea de recuperar los hilos para salir del inmovilismo puede empezar por disputar las narrativas. Cuestionar es accionar, y las preguntas siempre abren posibilidades.
Contestar los conceptos impuestos desde las esferas políticas y mediáticas del poder, que pretenden nombrar por nosotrxs nuestra propia experiencia, también es pensamiento revolucionario.
Organizarse, salir a las calles, trascender el activismo digital puede resultar complejo y abrumador. Empecemos entonces por los lugares que habitamos.
Es en nuestro entendimiento, vínculos y ámbitos comunitarios donde se sostienen las jerarquías que el poder necesita para normalizar un mundo desigual, atroz e injusto. Seamos implacables.
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