El fascismo está en los detalles

Hoy no quiero hablar sobre mi cuerpo, sino sobre los cuerpos –las personas– que habitan Las Joyas y su territorio.

Para mí no podría ser de otra forma. A diferencia de la política guanajuatense y leonesa, yo no tengo la torpeza –en su caso, el cinismo ideológico– de referirme a la gente como beneficiarios, ni a su territorio como un polígono. Sería más congruente con su forma de gobierno, sin duda, si a Las Joyas le llamaran gueto. Porque si algo sabe hacer el fascismo es esconderse, también en los vocablos. Por eso dicen que el diablo está en los detalles.

Volveré en diferentes momentos a este fascismo lingüístico que plaga las narrativas sobre la periferia urbana, la pobreza, la explotación social y las desigualdades, ocultando las jerarquías y el poder que ejercen funcionarios, políticos, criminales y empresarios concretos sobre la población. A mi juicio, conservar este discurso inhabilitante, además de clasista y racista, tiene consecuencias funestas para la organización comunitaria y la autogestión.

Porque sí, no se les nombra polígonos a los residenciales privados o colonias habitadas por gente blanca y blanqueada (blancura y blanquitud no son lo mismo, aunque casi siempre coinciden). Se les llama así a los barrios segregados habitados por gente empobrecida, desplazada y racializada; cuerpos indígenas, morenos y negros. Nadie, salvo un racista confeso, podría negar esta realidad.

¿Cuál puede ser el estatus social y político de un territorio periférico, en una ciudad que se nombra mediante la nomenclatura inferiorizante y estigmatizante del Estado capitalista, patriarcal, blanco y burgués?

¿Cómo organizar comunidades libres y dignas que de inicio forman parte de un cercado institucional, político y geográfico que les separa simbólica y materialmente de otros habitantes de la misma ciudad?

¿Cómo encontrar nuevas formas de nombrar lo propio cuando han sido otros en una situación de ventaja quienes han decidido cómo tenemos que referirnos a nosotros mismos?

No hay reivindicación social alguna en saberse habitante de un “polígono de pobreza” o “de desarrollo”, como ha clasificado el Instituto Municipal de Planeación a los barrios periféricos de esta ciudad. La gente de Las Joyas carga con ese estigma y busca a toda costa resistir a esa identidad porque no la quiere, porque la subordina y le recuerda el lugar secundario que ocupa dentro de la agenda pública local.

Pero para zonificar las periferias de ese modo se requiere diseminar un discurso entre sus habitantes:

Hagámosle saber a la gente que habita un lugar complicado, por decir lo menos, caracterizado por la pobreza, la falta de servicios básicos y la violencia. Luego digámosles –como sucede cuando se habla de la regularización de la vivienda–, que ellos y ellas son responsables de su propia miseria por haberse desplazado voluntariamente a vivir ahí. Acto seguido, llenémonos la boca de palabras que, a base de repetición en mítines y publicidad, cifren en la memoria de las gentes que somos un gobierno preocupado por su bienestar; que luchamos contra viento y marea, contra el crimen, contra los malos terratenientes, incluso contra el gobierno federal. Todo para desarrollarlos, algún día, en el futuro; que los esfuerzos del presente –un presente eterno– prometen mejores tiempos por venir.

Traficar con la esperanza es el mecanismo. La religión usa la esperanza para negociar la salvación y la política para hipotecar la libertad. Esta solo cobra sentido cuando se construye colectivamente mediante actos de liberación. Es una herramienta de emancipación cuando los oprimidos toman conciencia de que son sus acciones las únicas que pueden liberarles, y no porque un político la incluye en su retórica de la redención, el desarrollo o el progreso.

Las periferias urbanas como Las Joyas han sido habitadas por generaciones. La gente nace, crece, se reproduce y muere en estos territorios. ¿Y qué hacen los muertos con la esperanza que les prometieron?


Portada: Foto de un boceto que Carlos «El Guardia» y un amigo suyo entregaron al grupo vecinal en asamblea como propuesta para rehabilitar un puente en la colonia Cañada del Real.

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This work © 2023 by Alonso Merino Lubetzky is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

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