Tratado de los tres impostores, parte 2: génesis de una herejía

Esta es la segunda entrada de una serie de textos con los que me propongo emplear el Tratado de los tres impostores* como un material para difundir, enseñar y aprender sobre los anarquismos. El Tratado es un panfleto antirreligioso y antiabsolutista editado y diseminado clandestinamente por eruditos libertinos en los albores de la Ilustración. Max Nettlau considera este panfleto como un antecedente del movimiento anarquista previo al año 17891.

Como mencioné en la entrega pasada, el panfleto no puede considerarse como un texto propiamente anarquista, puesto que el movimiento ácrata emerge como resultado de la Modernidad y las reacciones obrero-sindicales frente a la explotación y miseria asociadas al primer gran periodo de industrialización acontecida en los siglos XVIII y XIX. Este constituye, sin embargo, uno de muchos esfuerzos por trazar una línea más atrás en el tiempo para identificar el germen de las ideas que nos han permitido comprender el poder, disolver las jerarquías y luchar por la liberación.

Según sus estudiosos, es posible separar la historia del Tratado en dos momentos: uno mítico y otro real; una fase netamente legendaria, y otra textual, en la que finalmente cobra vida como discurso escrito. Según la versión más difundida, la primera etapa del Tratado comienza en el año 1239, durante el régimen de Federico II de Hohenstaufen (1194–1250) como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico; una etapa que se conoce como plena Edad Media.

La Transfiguración. 1479. Giovanni Bellini

Federico II fue el primer acusado por el papa Gregorio IX de sostener la tesis impía de que los tres más grandes profetas, Moisés, Jesucristo y Mahoma, “son impostores, falsos profetas”2 y han engañado a la humanidad3. Esta supuesta blasfemia le mereció la excomulgación en el año 1245. Desde ese momento, a la lista de acusados de esta etapa mítica se añaden nombres del talante de Averroes, Bocaccio, Maquiavelo, Hobbes, Cardano, Bruno, Campanella, Rabelais, Voltaire, Uriel da Costa y Baruch Spinoza. Las atribuciones de autoría de nuestro panfleto son mucho más extensas y trascienden los confines europeos.

Louis Massignon (1883-1962), islamólogo y orientalista, demostró el probable origen islámico de la tesis sobre los tres impostores4. Para Massignon, el primer texto en el que se hace referencia a la impostura paralela de los tres profetas es “un texto de iniciación de una secta heterodoxa musulmana, los Cármatas, cuya propaganda secreta lleva a la proclamación de un Califato disidente, el de los Fatimíes en Mahdiyah (Túnez), en el 297/909 de nuestra era”5.

La referencia más directa a la tesis aparece en un segundo texto dentro de la correspondencia confidencial entre el primer Califa fatimí Obaydallâh (934 d. C.) y el jefe de los Cármatas de Bahréin (Golfo Pérsico), Aboû Tâhir Solaymân-ibn al Hasan Janâbi, responsable de tomar la Meca y romper la Ka’bah en el año 312 de la era islámica y el 924 de la era cristiana5. En una respuesta al califa fatimí, Aboû Tâhir proclama:

“En este mundo, tres individuos han corrompido a los hombres, un pastor [Moisés], un médico [Jesús] y un/jinete de camellos [Mahoma]. Y éste fue el peor, el peor prestidigitador de los tres”5

De manera que la leyenda de los tres impostores aparece en el mundo islámico a más tardar en el año 1080 de nuestra era –señala Massignon–, por lo menos 150 años antes de su aparición en el cristianismo occidental. Apuntar lo anterior es de enorme relevancia para contrastar la historia más contada sobre el Tratado, que traza los orígenes del pensamiento radical nuevamente desde una mirada exclusivamente occidental y eurocéntrica.

La etapa real de nuestro texto comienza, sin embargo, entre los siglos XVII y XVIII, puesto que en las versiones conocidas ninguna es anterior al último tercio del siglo diecisiete3. El primer arresto de libreros involucrados en la elaboración de copias manuscritas del panfleto se registró en junio de 1725 en Francia6.

El Tratado de los tres impostores fue originalmente publicado bajo el título La vida y el espíritu del señor Benito Spinoza2, editado junto con la biografía más antigua del filósofo portugués atribuida al médico antiabsolutista Jean Maximilien Lucas, opositor de Luis XIV y exiliado en Holanda6. Además de La vida y el espíritu, existen otras ediciones bajo el nombre mítico del panfleto en latín De tribus impostoribus.

Louis Massignon, 1909

La comparación y cotejo de más de 70 manuscritos pertenecientes a los siglos XVII y XVIII corrió a cargo de François Charles-Daubert en 19994. Todas las copias existentes son, no obstante, un collage o mosaico de fragmentos de pensamiento libertino cautelosamente ensamblados, extraídos de múltiples fuentes y omitiendo propositivamente los nombres de sus autores; todo con la intención de hacer circular una poderosa “máquina de guerra antirreligiosa”6.

El señalamiento directo de autoría a Spinoza se debe en buena medida a sus antecedentes de excomunión del judaísmo (herem en hebreo) y a la difusión de ideas panteístas, consideradas en su momento como ateas. El hallazgo de incorporaciones de fragmentos de su Ethica y su Tratado teológico-político al panfleto ha sido ampliamente debatido y criticado. También han sido identificados fragmentos enteros de Hobbes y Maquiavelo, por mencionar a los más conocidos6.

Lo que resulta, al final de todo, es la certeza de que sus editores eligieron el anonimato, la colectivización del saber y la clandestinidad para priorizar la función política del texto: socavar a la monarquía confundiendo a los inquisidores y minar al fundamentalismo religioso, base de supersticiones y mecanismo de manipulación del pueblo. Vale una cita de J. M. Lucas en la biografía de Spinoza incluida en algunas versiones del Tratado para entonar con la lírica incendiaria que nos heredan:

«Es absolutamente cierto que los eclesiásticos de cualquier religión que sean –gentiles, judíos, cristianos, mahometanos– son más celosos de su autoridad que de la justicia y la verdad, y se hallan todos animados por el mismo espíritu de persecución»*.

En la próxima entrega haré un esfuerzo por recuperar algunas de las claves pedagógicas que nos ofrece el panfleto para la enseñanza y aprendizaje de los anarquismos. Me parece una necesidad no perder de vista las formas religiosas que reviste el poder en un tiempo en el que pululan profetas y súbditos, y se deifica a cualquier cantidad de charlatanes.

Referencias

[*] Anónimo. (2007). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). Trad. Diego Tatián. El Cuenco de Plata.

[*] Anónimo (2006). Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Trad. García del Campo, J. P. y Carmen Martínez, J. Tierradenadie Ediciones.

[1] Nettlau, Max. (1935). La anarquía a través de los tiempos. Biblioteca Anarquista / Antorcha.net

[2] De la Cerra Pérez, Jorge. (2023). La transmisión de ideas panteístas desde los eruditos libertinos barrocos a la ilustración radical. El caso del tratado de los tres impostores. En Barroso Romero, R. A.; Castillo Lozano, J. A.; García García, E. M.; González Blasco, L.; Solera Alfonso, D. (editores). La diversidad de experiencias en las religiones. Ritos, texto y pensamiento. Teseo Press.

[3] García del Campo, Juan Pedro. (2006). Introducción. El tratado de los teres impostores: un panfleto libertino contra el integrismo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo, Mahoma). Tierradenadie Ediciones.

[4] Maciá Ortuño, Mariana (2024). Mahoma, Moisés y Jesús: la teoría de los tres impostores en el Tratado sobre herejía de Iacobus Egidii. eHumanista/VITRA 25, pp. 179-191.

[5] Massignon, Louis. (2021). La Légende “Des Tribus Impostoribus” et ses Origines Islamiques. Revista de Teología. Revista de Estudios Sociorreligiosos, 14, No. 1.

[6] Tatián, Diego. (2007). Prólogo. En Anónimo. Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesús Cristo y Mahoma). La vida y el espíritu de Benoît de Spinosa (p.9-21). El Cuenco de Plata.

Portada: Excommunicated Spinoza, 1907 pintura de Samuel Hirszenberg


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