En esta entrada comparto algunas ideas que escribí a partir de la lectura de los dos primeros capítulos del libro La Filosofía de Karl Jaspers.
Para Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra alemán, “la filosofía brota antes de toda ciencia allí donde despiertan los hombres”. Frente a la búsqueda de universalidad de los conocimientos científicos centrados en objetos específicos, en la filosofía no existe unanimidad acerca de lo conocido, dice Jaspers. La búsqueda de la verdad que es la filosofía atañe a la totalidad del ser e interesa a cualquier ser humano en tanto ser humano.
En este texto ya básico para iniciarse en el estudio filosófico, Jaspers comienza distinguiendo algunas manifestaciones de la filosofía sin ciencia. Para nuestro autor hay cuatro de ellas:
En primer lugar, que para la filosofía no se necesitan credenciales y “se tiene a casi todo mundo por competente”. Mientras que en la ciencia se requieren certificaciones, “estudio, adiestramiento y método”, en la filosofía la propia humanidad y la misma existencia constituye una preparación suficiente. Un imperativo de la filosofía es que sea accesible a todas las personas (aún cuando en ocasiones no lo sea).
Sin embargo, contrariamente a los cercos que convierten el conocimiento científico en un saber elitista, la filosofía busca constantemente su retorno al ser humano. La humanidad es su punto de partida y su finalidad.
En segundo lugar, sugiere nuestro autor, la filosofía buscar ser un pensar original y tiene que ser puesto en práctica por uno mismo sin coacciones. Coloca como ejemplo a los niños y las niñas, quienes manifiestan admiración por fenómenos de la vida cotidiana e inquieren con preguntas que en el mundo adulto damos por hecho. Es casi una generalidad que esa capacidad de asombro y de formular dudas se pierde con el paso a la adultez, donde las convenciones, las creencias y la necesidad de certezas útiles (en el sentido de utilitarias) nos alejan de la búsqueda de otras verdades.
En tercer lugar, Jaspers asegura que un filosofar original se presenta también en las personas que tienen padecimientos mentales por medio de revelaciones metafísicas en los comienzos de algunas enfermedades. Dichas experiencias no corresponden al orden de lo objetivo que prevalece en la sociedad, sino a un orden de significación más profunda y estremecedora.
En cuarto, nuestro filósofo nos explica que la filosofía se encuentra también en refranes, dichos, en el lenguaje, en ideas y creencias aceptadas. Incluso rechazar la filosofía es una forma de filosofar sin tener conciencia de ello, dice.
La búsqueda de la verdad y no su posesión es el sentido de la filosofía. Para Jaspers, filosofía significa “ir de camino”, en el que las preguntas son más esenciales que las respuestas. Este ir de camino para el ser humano constituye su realización histórica en el proceso de apertura a su ser. Sin embargo, la filosofía no es, sino que va siendo en el momento mismo de su acontecimiento. De ahí que la filosofía parta y desemboque en el hombre, ya que persigue situar al ser humano en la realidad que habita para comprenderse y comprenderla. Es una actividad de pensamiento y reflexión sobre el pensamiento en el transcurso de su existencia.
Históricamente la filosofía ha sido atacada por los totalitarismos. Por un lado, el autoritarismo eclesiástico que recrimina que la filosofía aleja al ser humano de Dios, y, por otro lado, el totalitarismo político, que sugiere que la filosofía no tiene consecuencias prácticas de transformación del mundo. Ambas han rechazado a la filosofía por fomentar la rebeldía a un orden establecido de cosas que se quiere inmóvil.
Por otro lado, el imperativo de utilidad, donde la filosofía fracasa irremediablemente. Su supervivencia se debe a su necesidad, sea esta necesidad consciente o no para las personas. Esta siempre está ahí, donde quiera que haya gente buscando la verdad.
Si bien la filosofía no puede luchar ni probarse, comenta Jaspers, sí puede comunicarse. De ese modo la filosofía puede y debe alimentar la com-unión de los hombres.
Para Jaspers, el origen, es decir, la fuente, de la filosofía es múltiple y puede ser resumido en la admiración, la duda y la conciencia de estar perdido. El filosofar comienza en el ser humano como una conmoción y en la persecución de claridad.
En la admiración como conciencia de la ignorancia comienza el filosofar. Lo explica junto con Platón y Aristóteles. Cuando ignoro algo y lo reconozco, me admiro antes las razones de su existencia. La admiración lleva al conocimiento, de lo que somos, de lo que es el mundo, sin que se persiga llegar a nada más que al gusto de saber.
Con el asombro viene la duda, el cuestionamiento de lo sabido. Aquí revive a Descartes. La duda se expresa como examen crítico indispensable a la filosofía en el intento de conquistar certezas. Esa duda es tan fundamental porque pone en suspenso necesario lo sabido para conducir a su evaluación y comprensión. Puedo dudar incluso de mi existencia para poder comprenderla.
Del asombro y el examen crítico de lo sabido viene entonces la conciencia de la posición que se ocupa. “Si el mundo es de tal o cual modo, ¿qué lugar ocupo yo frente a ello?” Las situaciones en las que estamos son constitutivas de las razones que nos damos para vivir. Hay situaciones límite, como la muerte o el sufrimiento, experiencias que nos llevan a cobrar conciencia del lugar que ocupamos.
Para Jaspers, sin embargo, estos tres motivos están subordinados, en la actualidad, a la urgencia de la comunicación entre los seres humanos frente a la disolución de los vínculos y la confianza que se experimentan. El prójimo es condición para nuestra existencia. El ser forma parte de un tejido de relaciones, de co-participación en la realidad que se construye con otros. El ser es producto de la interdependencia de las personas y no de una pretendida autosuficiencia del individuo impracticable en la vida cotidiana.
La libertad del propio ser, es decir, su comunicación, depende de la libertad de otrxs. Esos otrxs que son mis otrxs, interlocutores en el acto comunicativo que es mi existencia. Es, pues, la solidaridad, el estar juntos en igualdad, una precondición de la filosofía.
Bibliografía
Jaspers, Karl (1985). La Filosofía. FCE: México.
Foto de portada: Jack Metzger

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