Tendedero de resonancias, una herramienta para el estar-juntos en la educación

Educar en instituciones es un proceso iterativo e instrumental. Cada ciclo, como un engrane, vuelve al mismo lugar: hay una apertura, un transcurso y un cierre. Hay una planeación, una implementación y una evaluación, y cada periodo escolar se vuelve a lo mismo. Lxs profesorxs son instrumentos mecánicos de ejecución curricular y lxs estudiantes receptores pasivos de contenidos y competencias que no eligieron aprender.

Pero yo les quiero compartir una herramienta muy simple que utilicé en la última sesión de dos materias que me permitió hacer, sí, un cierre del curso como era esperado, pero redundando en el tránsito hacia otros horizontes pedagógicos con la intención de romper la monotonía burocrática de la educación. Fue un cierre-apertura, digamos, y no una clausura propiamente. Una ranura que se quedó abierta para siempre, un resquicio provocado por el encuentro. Yo le llamé tendedero de resonancias.

Estoy inspirado por el trabajo de la UCIRed donde estoy estudiando una maestría en educación con personas jóvenes y adultas. Ahí en la UCI le llamarían a esta herramienta «artilugio». Fuera de la UCI se les conoce como estrategia didáctica y, en este caso, instrumento de evaluación. Pero como de lo que se trata es de hacer otra educación —una más alegre, menos rígida, más acogedora y más humanizada—, me estoy alejando de esos conceptos de la educación convencional: didáctica y evaluación, que me parecen unos iglúes en lo que tendría que ser una choza abierta a las visitas.

A mí en lo personal me gusta el concepto de herramienta. Somos seres de herramientas desde nuestra hominización. Mediante herramientas nos comunicamos y de eso se trata también la educación. Esta vez voy a usar este concepto (herramienta y no artilugio), pero para mí son lo mismo: salir de la estrategia didáctica que es un mecanismo de fabricación del otro.

El objetivo de este tendedero fue servir al mismo tiempo para recuperar los saberes colectivos construidos durante el semestre y recibir retroalimentación de mi práctica docente. La intención era alejarnos del clásico «¿qué aprendí?» y del cuestionario de evaluación desplazándonos a un ejercicio conversacional, íntimo y hospitalario de habla y escucha sobre las impresiones, reflexiones y vivencias obtenidas durante las materias.

El proceso

Los materiales que empleé fueron muy simples: un cordón de ixtle y unas pinzas de madera tipo tendedero. El cordón puede ser sustituido por cualquier tipo de hilo (estambre, cáñamo, etc.) y las pinzas pueden ser las de tu casa. Yo compré unas muy decentes en la papelería para fines educativos. Pero si te ganan las prisas, puedes correr a tu cuarto de lavado y tomar unas.

La primera pauta para les estudiantes fue tomar una hoja en blanco (cortadas por mitad) y darse el tiempo necesario para pensar las siguientes preguntas como incentivo para la redacción: ¿Qué resonancias les quedaron de la materia? ¿Qué aprendizajes significativos tuvieron? ¿Cómo la materia les ayudó a comprender de otras formas el mundo que les rodea? ¿Qué sombras iluminó el curso para ustedes? ¿Qué emociones les atravesaron?

Una vez escritas las resonancias, la indicación fue colgarlas en el tendedero y esperar a que todxs lxs compañer@s colocaran las suyas. No había cronómetro. Esperamos pacientemente a que cada quien terminara de escribir. Hubo quienes tomaron más hojas y escribieron más.

La siguiente pauta fue levantarnos a ver el tendedero, explorarlo, leer cada uno de los textos escritos y esperar a que uno que no fuera el nuestro nos convocara, es decir, que nos resonara de nueva cuenta. Una vez elegido, la pauta fue tomarlo y regresar al círculo de conversación. Es importante decir que en este ejercicio me impliqué en todo momento como docente. Nunca fui espectador. Escribí mis resonancias y las colgué. Conversé, leí el escrito de unx estudiante y no tuve la última palabra. La intención fue descolocarme como maestro explicador.

Lo siguiente fue leer las resonancias elegidas y conversar sobre por qué nos habían convocado, y allí sucedió la magia.

El razonamiento detrás de la herramienta/artilugio

La educación se trata fundamentalmente de la hospitalidad del estar-juntos frente a la hostilidad del explicar-enseñar, según lo que dice Carlos Skliar, así como de recuperar la experiencia/sentido tras su expulsión de la educación como resultado de la imposición de los paradigmas de la ciencia/técnica positivista y teoría/práctica de la crítica pedagógica (Jorge Larrosa). Para René Barbier ser educador/a no es ser enseñante ni instructor, sino un «barquero de sentido», cuya finalidad ulterior es inventar estructuras de vida formativa con la participación de todxs lxs sujetxs comprometidxs en el acto educativo.

Sin embargo, lo contrario es la norma: instruir, aplicar, evaluar en un ciclo interminable, en correspondencia con el currículo y con toda la violencia de las nuevas pedagogías tecnocráticas que se imponen en los centros educativos. Y esa educación institucionalizada prioriza la fabricación de conocimientos mecánicos, inútiles para la vida (que no para el empleo) y vacía, al mismo tiempo, las aulas de experiencias llenas de sentido.

Las relaciones de los sujetos al interior de las aulas se vuelven frías y distantes, mediadas únicamente por el utilitarismo: la utilidad del/la profesor/a para allegar de conocimientos a lxs estudiantes y la utilidad de los estudiantes para validar la sapiencia incuestionable del/la docente inflando su ego.

Lo que el tendedero significó para les alumnes y para mí fue un momento inolvidable de consenso, diálogo amoroso en torno a los aprendizajes comunes que resultaron de intercambiar ideas a tal grado que ya no se sabía quién había dicho qué. Rompimos la noción de autoría. No había necesidad ya de citar quién dijo qué, sino de reafirmar que todxs lo dijimos. Nos sincronizamos en la experiencia sin que ese fuera nuestro objetivo y tampoco sin negar el disenso de todxs sobre varias cuestiones.

Pero también el momento de la resonancia final en el círculo de conversación nos dio pistas colectivas en torno a la desesperanza y la apuesta por mundos mejores, más justos y solidarios. A todas esas discusiones nos llevó el artilugio/herramienta. Fue como destapar una botella de efervescencia narrativa desde el sentir (pathos) y no solo desde el pensar (logos).

Habría mucho más que decir, pero me contento con dejar estas reflexiones aquí y que puedan ser tomadas por alguien más. Me queda clarísimo que hay que transformar la educación y que debe ser una apuesta ético-política, pero que esta debe empezar desde el encuentro de los sujetos educativos y no desde las burocracias, esos monstruos fríos antipedagógicos.

Aquí fotos de las resonancias:

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This work © 2023 by Alonso Merino Lubetzky is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

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