De vuelta a la periferia

Llevo poco más de dos semanas de haber regresado a trabajar a uno de los mal llamados «polígonos de desarrollo» (antes «polígonos de pobreza»), Las Joyas, en la ciudad de León, Guanajuato. Una disyuntiva me invade, tras recorrer sus calles y caminos, tras hablar con sus gentes y observar sus espacios de vida: o el camino hacia el desarrollo de estas miles de personas, hogares y cientos de comunidades es todavía largo e inclemente, o el desarrollo concebido en los términos de la política municipal, estatal y hasta federal, a partir de un modelo económico depredador que profundiza desigualdades, es realmente un tunel sin salida.

Una docena de años lleva esta estrategia municipal de focalizar a los pobres de la ciudad, en principio para concentrar los esfuerzos coordinados de los tres niveles de gobierno, de sus instituciones y dependencias. Los resultados se muestran claros para ojos y oídos sensibles: no ha habido desarrollo alguno o este es casi imperceptible, lento y tortuoso.

En ese escenario en el que persiste la marginación y la exclusión y el municipio ensancha su numeralia de atención a los pobres sin que los pobres cesen de serlo, hay organizaciones y líderes comunitarios dejándolo todo de sí para transformar esa realidad dolorosa e injusta que constituye las periferias urbanas en un estado como Guanajuato, que destina al mismo tiempo millones de pesos para la industria, el crecimiento económico y la atracción de inversión extranjera directa en todos los ramos de la producción posibles.

Mi primera experiencia de trabajo allí fue en la administración pública como funcionario de bajo nivel en el Instituto Cultural de León, operando con un sueldo irrisorio (que persiste para dicho personal) y con metas descomunales. Siempre más reuniones, más eventos, más personas atendidas, más beneficiarios. Las instituciones públicas hacen eso: contar gente sin tomarla en cuenta, transformarla en cifras —sorprendentemente siempre ascendentes—. Y mientras desde esa lógica el porcentaje de asistidos crece, la pobreza no cede.

Una segunda fue en la academia. La periferia se convirtió en mi objeto de estudio durante la maestría. En resumidas cuentas investigué cómo es que los pobres sobreviven frente a la ausencia del Estado y la destrucción sistemática de sus ámbitos de comunidad por parte del capital. Allí me encontré con que los pobres se alimentan, habitan, se curan, se transportan y cubren otro sinfín de necesidades básicas pese al olvido histórico de su existencia y de su derecho al bienestar recurriendo a formas de trabajo individuales y colectivas contrarias a los procesos individualizantes y despolitizantes del desarrollo. Los circuitos de vida de los pobres en las periferias urbanas se sostienen sobre la solidaridad, la autonomía y la alegría de habitar una porción de tierra a su modo y forma; aún en ese escenario ambivalente de desgaste del tejido social.

El lugar de trabajo al que llego hoy tiene como objetivo fortalecer precisamente esos procesos de producción autogestiva.

El día de ayer nos reunimos con funcionarios públicos que desean hacer un convenio de colaboración para combatir la inseguridad del polígono. El posicionamiento fue muy claro: con o sin convenio, el trabajo debe hacerse, el trabajo ya se hace.

«¿Cuándo empezamos?» —se les contestó.

La autogestión no es un cierre frente al exterior, no es una autoreclusión ni una negación del valor de la alteridad, cualquiera que sea, incluso viniendo de instituciones públicas o privadas históricamente responsables de carencias estructurales. Pero sí es la convicción de oponerse a la infamia que supone el ocupar una posición de subordinación en las decisiones que afectan a la propia vida. La autogestión se abre a la colaboración de quienes quieren formar parte de una misma memoria y de un mismo proyecto. Todas y todos están invitados, pero solo cobra sentido si la justicia prevalece como móvil frente a los apetitos personales.

Es todo por ahora.


Portada: James Needham (tomada de Pinterest)

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This work © 2023 by Alonso Merino Lubetzky is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

Guanajuato, México

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